‘Tijuana, todavía’, la apuesta del mexicano Humberto Busto por cine queer y exilio ruso

“Ya hace tres años que el Estado ruso decidió catalogar a las personas LGTBI como un grupo terrorista y mucha gente en el mundo, incluida la propia comunidad, no lo sabe. Esa fue una preocupación real que compartí con (el director) Gabriel Gutiérrez”, aseguró Busto, conocido por su participación en ‘Amores perros’ (2000), en una charla con EFE.
Recientemente el productor dio por concluido el rodaje de la película, ambientada en la ciudad fronteriza de Tijuana, después de acercarse a refugios como Casa de Luz, que acogió a numerosos migrantes rusos queer que buscaban llegar a Estados Unidos pero terminaron varados en México debido al endurecimiento de las políticas migratorias de Donald Trump.
La realización de ‘Tijuana, todavía’, proyecto impulsado por el programa Biennale College-Cinema y respaldado por una beca de La Biennale di Venezia, permitió a Busto conocer a personas como el actor ruso Petr Filimonov, coprotagonista del largometraje y quien lo acercó a la realidad de la comunidad LGTBI de su país.
“Rusia ha categorizado al movimiento LGBTI como extremista para evidenciar la supuesta influencia negativa de Occidente frente a los valores tradicionales rusos (…) En ciertas regiones en Rusia creen que en esta parte del mundo hay gente monstruosa que quiere atacar todo en lo que ellos creen”, señala sobre el discurso del Kremlin, exacerbado desde el inicio de la guerra en Ucrania.
En cierta medida, la película se inspira en la historia de exilio forzado de Filimonov, pues narra la vida de un joven queer (Filimonov) que huye de Rusia para evitar ser reclutado para la guerra con Ucrania. Esa decisión lo lleva a encontrarse con un hombre gay (Busto) que se enfrenta al contexto machista de Tijuana.
Cine y activismo
Busto señala que el vínculo forjado con Filimonov fue “lo más hermoso del proyecto”, ya que implicó la “responsabilidad ética y humana” de acompañar de cerca al actor ruso en una ficción que “está cargada de situaciones de la vida real”.
Antes de producir ‘Tijuana, todavía’, el actor ya había liderado proyectos de corte social, como su participación en la obra de teatro ‘Costo de vida’ -ganadora del Premio Pulitzer de Drama-, que trabaja de la mano de personas con discapacidad. También la fundación de FOSFO Producciones, un espacio que creó junto con el activista queer Guz Guevara para contar las “autonomías narrativas” de la comunidad LGTBI.
Con esa trayectoria en el mundo del cine y el activismo, reveló que la etapa de postproducción y edición la está asumiendo con la responsabilidad de contar la historia de Petr.
Un reto al que se suma “el complejo calendario matemático” de tener todo listo para agosto, fecha en la que entregará la cinta al Festival Internacional de Venecia, donde tendrá su estreno en septiembre.
Pese a tener asegurada la proyección en uno de los festivales de cine más importantes a nivel global, Busto es consciente de que la distribución no será fácil.
En ese sentido, considera que este tipo de películas alcanzan su mercado una vez que van más allá de lo audiovisual y se convierten en proyectos sociales capaces de generar conversación. La historia que plantea Tijuana, todavía pone sobre la mesa una realidad poco visibilizada sobre los desafíos que enfrentan miles de personas LGTBI en distintas partes del mundo, particularmente en países donde las políticas gubernamentales y el entorno social limitan sus derechos y libertades. A través de una narrativa centrada en el exilio, la identidad y la búsqueda de un lugar seguro para vivir, la película busca abrir espacios de reflexión sobre las consecuencias humanas de la discriminación y los desplazamientos forzados.
El proyecto también consolida la apuesta de Humberto Busto por impulsar producciones con contenido social y humano, utilizando el cine como una herramienta para generar diálogo y acercar al público a historias que habitualmente permanecen fuera de los grandes circuitos comerciales. La combinación de experiencias reales con elementos de ficción aporta una dimensión emocional que puede conectar con audiencias de distintas culturas y contextos. De cara a su estreno en el Festival Internacional de Venecia, Tijuana, todavía se perfila como una propuesta que trasciende lo cinematográfico para convertirse en un vehículo de conversación sobre migración, diversidad y derechos humanos. Sus creadores confían en que la película contribuya a visibilizar estas problemáticas y encuentre eco entre espectadores interesados en historias que reflejan algunas de las realidades más complejas de la actualidad.
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