Cuba dice que EEUU usa el «pretexto» de la lucha antidrogas para dominar a América Latina

En un encuentro de ministros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), reunidos para participar esta semana en la Asamblea General de la ONU en Nueva York, Rodríguez afirmó que la zona sufre hoy «una ofensiva del Gobierno de EE.UU. para imponer la arcaica Doctrina Monroe, acentuada bajo nuevos e inaceptables corolarios».
«Utilizan como instrumento de dominación la militarización de la región bajo el pretexto de combatir el narcotráfico; imponen aranceles punitivos contra varios de nuestros países; promueven iniciativas que pretenden dividirnos; y tratan de debilitar los mecanismos de concertación e integración que tanto nos ha costado construir», advirtió en X.
También denunció «el reforzamiento sin precedentes del bloqueo de EE.UU. a Cuba, en particular el cerco energético, las sanciones secundarias, una violenta ofensiva mediática y la amenaza de agresión militar» sobre la isla.
La Administración del presidente estadounidense, Donald Trump, mantiene una amplia presencia militar en aguas del Caribe y el Pacífico dentro de una campaña contra el narcotráfico iniciada en septiembre de 2025.
Como parte de esta ofensiva, las fuerzas estadounidenses han atacado a casi 70 embarcaciones supuestamente relacionadas con el tráfico de drogas y asesinado a más de 220 personas, a las que califica de «narcoterroristas» sin ofrecer pruebas.
Expertos de la ONU y organismos en defensa de los derechos humanos califican a estos ataques de asesinatos extrajudiciales y los ven como una vulneración del derecho internacional.
La relación entre Washington y La Habana atraviesa por una de sus etapas más tensas, en medio del aumento en la presión estadounidense por cambios significativos en la isla.
Las declaraciones de Bruno Rodríguez colocan nuevamente en el centro del debate la presencia militar de Estados Unidos en América Latina y el Caribe, una región que durante décadas ha mantenido una relación complicada con Washington por asuntos políticos, económicos y de seguridad.
El argumento del canciller cubano parte de la idea de que la lucha contra el narcotráfico está siendo utilizada para justificar una expansión de las operaciones militares estadounidenses. Para La Habana, estas acciones van más allá del combate a las drogas y buscan aumentar la influencia de Estados Unidos en la región.
Washington presenta sus operaciones como parte de una campaña necesaria para frenar el tráfico de sustancias hacia territorio estadounidense. Sin embargo, el Gobierno cubano sostiene que este despliegue representa una amenaza para la soberanía de los países latinoamericanos y caribeños.
Las acusaciones deberán analizarse dentro de un contexto de creciente confrontación entre Cuba y Estados Unidos. Ambos gobiernos mantienen posiciones profundamente distintas sobre seguridad, democracia, derechos humanos, economía y relaciones internacionales.
La presencia de fuerzas estadounidenses en aguas del Caribe y el Pacífico ha generado preguntas sobre los límites de estas operaciones. Una de las principales preocupaciones es determinar bajo qué normas se realizan los ataques contra embarcaciones sospechosas de participar en el narcotráfico.
El número de personas que habrían muerto durante estas acciones también provoca inquietud. Según las cifras mencionadas, más de 220 individuos perdieron la vida en ataques contra casi 70 embarcaciones desde el inicio de la campaña en septiembre de 2025.
Estados Unidos ha calificado a las personas atacadas como “narcoterroristas”, pero los cuestionamientos aumentan debido a la falta de pruebas públicas sobre cada caso. La ausencia de información detallada dificulta conocer quiénes eran los ocupantes y qué evidencia existía en su contra.
Expertos de Naciones Unidas y organizaciones defensoras de los derechos humanos han advertido que estas acciones podrían constituir ejecuciones extrajudiciales. Sus señalamientos abren un debate sobre la responsabilidad de los gobiernos aun cuando las operaciones se realizan bajo el argumento de proteger la seguridad nacional.
El respeto al derecho internacional será uno de los temas centrales alrededor de esta controversia. Combatir a las organizaciones criminales no elimina la obligación de investigar, presentar pruebas y garantizar que cualquier uso de la fuerza sea legal, necesario y proporcional.
La referencia de Rodríguez a la Doctrina Monroe también tiene un fuerte contenido histórico. Desde su proclamación en el siglo XIX, esta política ha sido interpretada de distintas maneras y continúa siendo asociada por algunos gobiernos con la intervención estadounidense en América Latina.
Para Cuba, la actual estrategia de Washington representa una nueva versión de esa política de influencia. El Gobierno estadounidense, por su parte, considera que su participación regional responde a amenazas compartidas como el tráfico de drogas, el crimen organizado y la inestabilidad.
El encuentro de ministros de la Celac ofrece a los países latinoamericanos y caribeños un espacio para discutir estas diferencias. La organización fue creada precisamente para promover el diálogo regional sin la participación directa de Estados Unidos y Canadá.
Las palabras del canciller cubano también revelan la preocupación de La Habana por posibles divisiones dentro de la región. No todos los gobiernos mantienen la misma postura frente a Washington ni comparten una visión común sobre las operaciones contra el narcotráfico.
Algunos países consideran indispensable la cooperación estadounidense en materia de inteligencia, capacitación y seguridad. Otros temen que esa colaboración pueda convertirse en una presencia militar prolongada o en una forma de presión política.
Los aranceles y las sanciones económicas forman otra parte del reclamo cubano. Rodríguez sostiene que estas medidas son empleadas para presionar a determinados gobiernos y limitar su capacidad de tomar decisiones independientes.
En el caso de Cuba, el endurecimiento de las sanciones estadounidenses tiene efectos directos sobre la economía de la isla. Las restricciones financieras y energéticas aumentan las dificultades para adquirir combustible, productos básicos, tecnología y otros recursos.
El Gobierno cubano atribuye buena parte de su crisis económica al bloqueo de Estados Unidos. Washington, en cambio, señala que los problemas también están relacionados con el modelo económico de la isla, la falta de reformas y las decisiones de sus propias autoridades.
Esta diferencia de posiciones ha impedido que ambos países construyan una relación estable. Los periodos de acercamiento han sido seguidos por nuevas sanciones, restricciones diplomáticas y acusaciones que terminan cerrando los espacios de diálogo.
La Asamblea General de las Naciones Unidas será un escenario importante para observar cómo reaccionan otros gobiernos ante esta controversia. Cuba buscará respaldo internacional para condenar las sanciones y cuestionar la estrategia militar estadounidense.
Estados Unidos tendrá la oportunidad de explicar los objetivos, alcances y fundamentos legales de sus operaciones. Una mayor transparencia ayudaría a responder las acusaciones y permitiría conocer los mecanismos empleados para identificar a las embarcaciones atacadas.
El narcotráfico representa una amenaza real para las comunidades latinoamericanas y estadounidenses. Sus consecuencias pueden observarse en la violencia, la corrupción, las adicciones y el fortalecimiento de organizaciones criminales que operan a ambos lados de las fronteras.
Sin embargo, la respuesta a este problema no puede limitarse a operaciones militares. También requiere prevención, atención a las adicciones, investigaciones financieras, cooperación judicial y oportunidades económicas para las comunidades más vulnerables.
La experiencia regional demuestra que capturar o eliminar a integrantes de organizaciones criminales no siempre termina con el tráfico de drogas. En muchos casos, otros grupos ocupan rápidamente los espacios abandonados y generan nuevas disputas violentas.
La protección de los derechos humanos debe mantenerse como una obligación durante cualquier operación de seguridad. Las personas sospechosas de cometer delitos deben enfrentar investigaciones y procesos judiciales, salvo que exista una amenaza inmediata que justifique el uso de la fuerza.
Para la comunidad latina de Dallas y el norte de Texas, esta discusión no es un asunto distante. Muchas familias mantienen vínculos con Cuba, México, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, por lo que las decisiones tomadas en Washington pueden afectar directamente a sus países de origen.
La población cubana establecida en Texas sigue con atención cualquier cambio en las relaciones entre Washington y La Habana. Las sanciones, restricciones de viaje y dificultades para enviar ayuda pueden repercutir en sus familiares que permanecen en la isla.
Otros sectores de la comunidad latina pueden observar este debate desde perspectivas diferentes. Algunos respaldan una estrategia más firme contra el narcotráfico, mientras otros temen que una mayor presencia militar provoque abusos o aumente las tensiones regionales.
Ante posiciones tan enfrentadas, resulta importante diferenciar los hechos comprobados de las declaraciones políticas. Tanto las acusaciones de Cuba como las explicaciones de Estados Unidos deben ser examinadas con información verificable y evidencia pública.
La tensión también podría tener consecuencias migratorias, económicas y diplomáticas. Un deterioro adicional en las condiciones de Cuba puede aumentar la salida de personas, afectar el comercio y profundizar la separación de familias que viven entre la isla y Estados Unidos.
El futuro de la relación bilateral dependerá de la disposición de ambos gobiernos para recuperar canales de comunicación. Mientras continúen las amenazas, sanciones y acusaciones, será difícil avanzar hacia acuerdos que beneficien a la población.
Para los lectores de Novedades News en Dallas, el tema requiere una mirada crítica y equilibrada. Más allá de las diferencias políticas, la prioridad debe ser la seguridad de las comunidades, el respeto al derecho internacional y la búsqueda de soluciones que eviten una nueva escalada en América Latina y el Caribe.
La discusión tampoco debería quedar reducida a un enfrentamiento verbal entre Washington y La Habana. Los países latinoamericanos y caribeños necesitan participar activamente en la construcción de acuerdos regionales que permitan combatir el narcotráfico sin poner en riesgo su soberanía ni aumentar la tensión militar.
La Celac puede desempeñar un papel importante como espacio de diálogo, especialmente si consigue reunir posiciones distintas y promover mecanismos de cooperación. Alcanzar una respuesta común será complicado, pero podría ayudar a evitar decisiones unilaterales que afecten la estabilidad del continente.
También será fundamental conocer con mayor precisión los resultados de las operaciones estadounidenses. Informar sobre las embarcaciones interceptadas, las sustancias decomisadas y las evidencias encontradas permitiría evaluar si la estrategia realmente está reduciendo el tráfico de drogas o solamente está aumentando el número de víctimas.
La comunidad internacional deberá permanecer atenta a cualquier señal de escalamiento militar en el Caribe y el Pacífico. Una operación mal calculada, un ataque contra personas inocentes o una confrontación entre fuerzas de diferentes países podría provocar una crisis con consecuencias difíciles de controlar.
Para las familias latinas que viven en Dallas, la estabilidad de sus países de origen continúa siendo un tema cercano, debido a los vínculos familiares, económicos y culturales que mantienen con la región. Cualquier conflicto puede afectar los viajes, las remesas, el comercio y la situación de quienes todavía viven en América Latina y el Caribe.
El desafío será encontrar un equilibrio entre la necesidad de enfrentar a las organizaciones criminales y la obligación de preservar la paz regional. La seguridad no debería utilizarse para justificar abusos, pero tampoco puede ignorarse el daño causado por el narcotráfico; por ello, el diálogo, la cooperación y la transparencia serán indispensables para construir una solución duradera.
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