Congresistas hispanos proponen una ley de ‘Buen vecino’ contra la Doctrina Monroe de Trump

Además, la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Trump publicada en diciembre afirma que «tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental».
La medida, impulsada por cerca de veinte legisladores demócratas y encabezada por la representante Nydia Velázquez de Nueva York, no es solo un gesto simbólico. Es una declaración política directa contra una visión histórica que ha marcado, para bien o para mal, la relación entre Washington y el resto del continente durante más de dos siglos.
Velázquez fue clara al exigir que el Departamento de Estado confirme de manera oficial que la Doctrina Monroe ya no forma parte de la política exterior de Estados Unidos. Para ella y sus colegas, esa doctrina ha servido como paraguas ideológico para justificar intervenciones, golpes de Estado y respaldo a dictaduras en distintos países latinoamericanos.
El debate cobró nueva fuerza tras la reciente intervención estadounidense en Venezuela, que culminó con la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Trump aseguró entonces que su gobierno no solo había retomado la Doctrina Monroe de 1823, sino que la había “superado con creces”, al punto de rebautizarla irónicamente como la “Doctrina Donroe”.
La nueva Estrategia de Seguridad Nacional publicada en diciembre reforzó esa narrativa al señalar que Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar su preeminencia en el hemisferio occidental. Para los promotores del ‘Buen vecino’, esa afirmación confirma un giro hacia una política de control regional.
La propuesta legislativa busca desmontar esa lógica. Plantea no solo el abandono formal de la doctrina, sino también la eliminación de sanciones unilaterales impuestas por Washington a países de la región, medidas que —según sus impulsores— han afectado principalmente a las poblaciones civiles.
Uno de los puntos más sensibles es el llamado a desclasificar archivos relacionados con golpes de Estado apoyados por Estados Unidos a lo largo de la historia. La intención es abrir una revisión crítica de episodios que marcaron profundamente a países como Chile, Guatemala, Brasil y República Dominicana.
Los legisladores también proponen reformas en instituciones financieras internacionales para reducir la influencia desproporcionada de Washington y promover esquemas de cooperación más equitativos. Se trata, dicen, de pasar de la imposición a la colaboración.
Velázquez y otros congresistas como Delia Ramírez, Chuy García y Rashida Tlaib han condenado con firmeza la intervención en Venezuela, argumentando que no respondió a principios democráticos sino a intereses energéticos vinculados al petróleo.
Además, cuestionaron las amenazas de acción militar en México, Panamá y Colombia, así como decisiones polémicas como el indulto otorgado al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández y el decreto que impone aranceles a países que suministren petróleo a Cuba.
Para los impulsores del proyecto, estas acciones no se explican bajo la bandera de la lucha contra el narcotráfico o la defensa de la democracia, sino como estrategias de presión política y económica orientadas al cambio de régimen y al control de recursos estratégicos.
La Doctrina Monroe nació en 1823 como un mensaje a las potencias europeas para que no intervinieran en el continente americano. Con el tiempo, sin embargo, evolucionó hacia una herramienta que justificó la expansión de la influencia estadounidense en la región.
Durante el siglo XX, esa doctrina fue invocada en múltiples episodios de intervención directa o indirecta. Desde operaciones encubiertas hasta invasiones abiertas, el concepto de “América para los americanos” terminó interpretándose como “América bajo liderazgo estadounidense”.
La iniciativa del ‘Buen vecino’ intenta rescatar otro precedente histórico: la política del Buen Vecino impulsada en los años treinta, que apostaba por la no intervención y el respeto a la soberanía de los países latinoamericanos.
En un contexto de creciente polarización política en Estados Unidos, la resolución enfrenta un camino cuesta arriba en el Congreso. Sin embargo, su valor radica también en el mensaje que envía a la región y a la comunidad latina dentro del propio país.
Para millones de hispanos en Estados Unidos, la política hacia América Latina no es un asunto distante. Es parte de su identidad, de su historia familiar y de su memoria colectiva.
En México, las declaraciones sobre posibles bombardeos contra cárteles han generado preocupación y debate sobre la soberanía nacional. En Centroamérica y el Caribe, las sanciones económicas siguen siendo un tema de alta sensibilidad.
La propuesta también plantea revisar el papel de la Organización de Estados Americanos y otros organismos multilaterales, con el fin de que funcionen como espacios genuinos de diálogo y no como instrumentos de presión.
Más allá de la coyuntura política, el debate abre una reflexión más amplia sobre el tipo de relación que debe existir entre Estados Unidos y América Latina en el siglo XXI.
¿Debe prevalecer una lógica de hegemonía y preeminencia, o una de cooperación y respeto mutuo? Esa es la pregunta de fondo que subyace tras esta iniciativa.
El ‘Buen vecino’ no garantiza un cambio inmediato, pero sí coloca el tema en el centro de la conversación política. Obliga a mirar hacia atrás para entender el peso de la historia y hacia adelante para redefinir el futuro.
En tiempos de tensiones geopolíticas y disputas por recursos estratégicos, América Latina vuelve a ocupar un lugar prioritario en la agenda de Washington.
La diferencia, esta vez, es que dentro del propio Congreso estadounidense hay voces latinas que exigen otra ruta, una que privilegie la soberanía, la autodeterminación y el respeto entre naciones.
El desenlace legislativo es incierto, pero el mensaje es contundente: la relación hemisférica está en revisión, y la historia, con todas sus luces y sombras, vuelve a ser protagonista del presente.
Luz sobre las intervenciones de EEUU en América
La resolución también busca la difusión de archivos sobre el rol de Estados Unidos en intervenciones de América, donde han ocurrido cerca de 70 desde hace 200 años, incluyendo ocupaciones militares, invasiones y guerras, indicó García.
Desde el siglo XX hasta ahora, Estados Unidos ha participado de forma directa o indirecta en 23 golpes de Estado, incluyendo la deposición de Maduro en Venezuela, señaló Francesca Emanuele, asociada de política internacional del Center for Economic and Policy Research (CEPR), que apoya la medida.
La conferencia incluyó testimonios de víctimas de dictaduras respaldadas por Washington, como Luz de las Nieves Ayress Moreno, quien sufrió tortura sexual durante el gobierno de Augusto Pinochet (1974-1990) en Chile y denunció que «todas estas torturas» fueron aprendidas en Estados Unidos, en la Escuela de las Américas.
«Esto es parte de la Doctrina Monroe, que han aplicado todos los presidentes de los Estados Unidos de Norteamérica. Llamamos a anular la Doctrina Monroe, todos somos americanos, solo el pueblo salva al pueblo», manifestó.
Los demócratas además citaron el espectáculo de Bad Bunny del Super Bowl como una inspiración para impulsar su política exterior.
«Este el camino que ofrecemos con la nueva acta del ‘Buen vecino’, uno que reconoce nuestra interrelación desde Humboldt Park (en Chicago) a Guatemala, Puerto Rico, Haití, Argentina y Canadá. Uno que reconoce, como Benito dijo la noche del domingo, que juntos somos América», manifestó la congresista Ramírez.
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