Seguridad sin resultados y sin brújula

banners sin foto-07

Por: Ing. Esteban Sanchez

La propuesta de amnistía a los narcotraficantes ya hemos visto que no es una simple ocurrencia. Como se dice, es una constante que se ha mantenido en las campañas presidenciales anteriores y que se reitera ahora, incluso con mayor claridad. Pero no se trata sólo de la declaración en una de las zonas más castigadas por la violencia en Guerrero, es parte también del documental publicitario que está presentando Epigmenio Ibarra sobre el propio López Obrador. Y va de la mano con las denuncias de López Obrador sobre las “masacres” cometidas por militares contra el pueblo y la identificación que quieren imponer López Obrador (y Epigmenio) de que los narcotraficantes son algo así como una guerrilla opositora contra el gobierno, por eso el candidato de Morena insiste en que la lucha contra el narcotráfico es una lucha “del pueblo contra el pueblo”. López Obrador propone ahora fusionar el Ejército y la Marina en un solo cuerpo militar, quitarles miembros y poderes, y convertir las fuerzas de seguridad, incluyendo las policías, en una guardia nacional, me imagino que pensando en un modelo similar al de la guardia nacional bolivariana de Venezuela, que es algo así como el brazo armado del chavismo. Minimizar a las Fuerzas Armadas profesionales mientras se redimensiona a instituciones como la guardia nacional, es lo que hizo Chávez, hasta que logró un cambio completo de los mandos militares en su país. La guardia nacional se transformó en la fuerza de choque contra la oposición y la que maneja negocios como el narcotráfico. No le gusta al candidato de Morena que lo comparen con Chávez o Maduro, pero sus propuestas son las mismas que llevaron a éstos al poder y con las que se mantuvieron en él. La división por la Ley de Seguridad Interior o la incordia por la idea de amnistía a capos del narco de López Obrador desnudan el mayor peso sin calibrar de la agenda de futuro: los poquísimos consensos en el país. Aún no inician las pre-campañas ya se recrudece el debate sobre seguridad ante la frialdad de la derrota del número de homicidios y el récord de secuestros en el año más violento en dos décadas. No hay planteamientos estratégicos en la aprobación de leyes que consagran la intervención militar en el combate al crimen ni en propuestas ligeras como el perdón de delitos que eximen de responsabilidad a sus autores, para recuperar la paz, a la vez de que se dejan reformas de gran calado a las instituciones de justicia, policías o la despenalización de la mariguana. Huele a desesperación. La reapertura del debate de seguridad revela, sobre todo, que la fragmentación política se instaló sin capacidad para ampliar los términos de la discusión y producir acuerdos en derechos básicos. Los poquísimos consensos políticos de las últimas décadas como el TLCAN o el respaldo social al voto se extinguen paulatinamente por la falta de resultados, divisiones e inquina política. En el caso de la violencia es muy grave por develar los vacíos institucio-nales en que se pierde la paz y el extravío de la clase política al usar la inseguridad como arma arrojadiza para competir por el poder. Una declaración errática e insuficiente como la amnistía es gasolina para incendiar la pradera, mientras entre la clase política se debilitan los pocos acuerdos para solucionar la violencia como la reforma penal o de las policías ante la incapacidad de autoridades locales o la falta de resultados inmediatos. Los candidatos presidenciales no ofrecen respuestas y su silencio o sugerencias a bote pronto reflejan el extravío de las soluciones, pero todos recurren a posturas conservadoras a la medida de su desesperación y el temor del costo electoral. Sin un plan para enfrentar la violencia y consenso en el largo plazo, la permanencia de medidas de emergencia como la que justificó la intervención de los militares en seguridad pú-blica acelerará el desgaste de las Fuerzas Armadas, aunque se legalice su estancia en las calles. Su participación en el combate al crimen no ha evitado que en 2017 ya se supere el récord de dos mil 200 homicidios mensuales, mien-tras persisten acusaciones por violaciones a los derechos hu- manos y sobrevengan amparos por los señalamientos de inconstitucionalidad de la ley. Este es el escenario de continuidad que ofrece el can-didato del PRI, José Antonio Meade, en un error político por falta de propuesta y de experiencia en la materia. Igualmente, conservadora es la posición de pensar que el solo perdón a capos del narco es suficiente para poner fin a la ola de homicidios sin otorgar una carta de impunidad a los criminales y sin que nada cambie realmente en la impartición de Justicia. La idea de la amnistía parte de premisas falsas como creer que la violencia se reducirá con “borrón y cuenta nueva”, sin reparación a las víctimas y garantías de que no se repita, además de equivocar los diferentes contextos de otras experiencias. En Colombia ha servido para superar un conflicto político armado cuando se alcanzó la pacificación, mien-tras que en El Salvador la reducción de homicidios se debe a “treguas” negociadas por organizaciones civiles con las maras. Los errores retóricos de AMLO también se convierten en errores políticos. Reducir el debate a la amnistía o regularizar la estadía de los militares en la calle es reconocer la incapacidad del mundo político y el fracaso de las instituciones civiles para hacer de México un país de leyes. Lo verdaderamente revolucionario en el país es construir legalidad y atacar la impunidad, pero eso exige acuerdos sobre el modelo de seguridad… y claro, de los consensos. Por ahora es todo; mientras tanto¡!! AQUÍ NO PASA NADA¡!! Para cualquier información, favor de comunicarse a: editorial@novedadesnews.com y/o tulmex@hotmail.com.

0 Comments

Leave a Comment

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Don't have account. Register

Lost Password

Register