Los escombros de la corrupción

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Por: Ing. Esteban Sanchez

Una investigación de la edición impresa de Eje Central explica el porqué y cómo, de manera regular, los gobernantes mexicanos soslayaron los efectos destructores de un gran sismo, pese a tener las experiencias de la devastación de los fenómenos de 1957, 1979 y 1985. Los gobiernos fueron reactivos y sólo actuaron después de los sustos, como sucedió hace tres lustros con el gobernador de Oaxaca, José Murat, cuando tras los sismos en Tehuantepec y Puerto Escondido, compró 36 sensores. Pero, la marca de los tiempos, no fueron integrados al sistema de alertas, que para entonces ya no era mejorado ni modernizado, sino sólo mantenido. Los sensores de Oaxaca fueron incorporados a la red nacional y se financiaron sensores para Colima, Guerrero, Michoacán y Oaxaca. No obstante, dijeron expertos consultados por Eje Central, no había mucho interés en los gobernantes por presupuestar en alertas sísmicas. Cuando inició el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, recuerdan los expertos, su equipo llegó con ideas innovadoras en esa materia, pero rápidamente cambiaron sus prioridades. La crisis económica derivada de la guerra de los petroprecios que tumbó en 50 por ciento el valor del barril mexicano de petróleo y redujo drásticamente las posibilidades de crecimiento, hizo que la orientación del dinero se fuera a otros campos, y se paró la instalación de alertas sísmicas. La prevención no ha sido una característica del actual gobierno, y la Secretaría de Gobernación, responsable de los asuntos de protección civil, tampoco mostró un acentuado interés en blindar a la mitad del país, vulnerable a la actividad sísmica. El costo para saldar aquellas omisiones, comparado con lo que significará la reconstrucción de viviendas e infraestructuras afectadas en ocho entidades por los sismos de septiembre, era marginal. Sólo en Chiapas y Oaxaca, donde se registró un poderoso sismo el 7 de septiembre, 180 mil casas resultaron afectadas, situación que se agravó con el sismo 12 días después –ignorado en la Ciudad de México, que atendía las consecuencias de su propio sismo–, que terminó de destruir lo que había dejado dañado, y afectó a comunidades que habían quedado casi intactas dos semanas atrás, como Ixcaltepec, contigua a Juchitán. La estimación preliminar del gobierno federal para la reconstrucción en esas entidades se sitúa en 54 mil millones de pesos, y la normalización de las actividades en muchas zonas del centro y sur del país será a largo plazo. De acuerdo con el ingeniero Juan Manuel Espinosa Aranda, director general del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico, que es una asociación civil, sólo se necesitaría un equipo adicional de 50 sensores en la costa del Pacífico, y sus difusores, con un costo de 800 millones de pesos, más un mantenimiento anual de 180 millones de pesos, para que el centro del país y la Ciudad de México, estuvieran blindados. El sismo del 19 de septiembre seguramente desbloqueará el plan para colocar sensores en Jalisco y Puebla, que están programados, pero aún no hay planes para colocarlos en Tabasco, Veracruz, el altamente sísmico istmo de Tehuantepec y, sobre todo, en Chiapas, la zona de mayor incidencia telúrica, que además recibe los impactos de los fenómenos en Guatemala. El sismo del 19 de septiembre fue un fuerte sacudimiento a la negligencia de las autoridades que durante años soslayaron la importancia de tener eficientes mecanismos de prevención. El número de muertos rebasa la cifra de 400 –182 fallecieron en la capital–, y el número de edificios colapsados por la onda sísmica sólo en la Ciudad de México ronda los 40, con mil 500 más aproximadamente que quizás tendrán que demolerse. El saldo es demasiado costoso para un país donde la estrechez de miras de sus gobernantes ha contribuido, probablemente de manera involuntaria, a pagar un precio tan alto, en vidas y materiales. Este sismo es, como sostiene Sergio Alcocer, vicepresidente del Colegio de Ingenieros Civiles, una fuerte llamada de atención a los responsables. Las autoridades deben de escuchar. Construcciones mal hechas con materiales no permitidos y directores responsables de obra en las delegaciones embarrados por la corrupción. El cáncer de este país muta. Igual se presenta como un rancho de 200 millones de pesos, que como una empresa fantasma, medicamentos apócrifos o compañías que construyen departamentos con pisos de unicel. El final es el mismo, de alguna u otra forma: la corrupción mata. La delegación Benito Juárez, en la Ciudad de México, había sido multiseñalada por el voraz boom inmobiliario que crecía ante nuestros ojos y tras el sismo se ha convertido en el botón de muestra de que no basta con reglamentos de construcción innovadores, no son suficientes si se otorgan permisos y se edifica al por mayor sin la seguridad de que se cumplan los lineamientos. La revisión inmobiliaria debe hacerse en toda la ciudad, por supuesto, pero llama la atención que uno de cada cuatro edificios que se cayeron durante el terrible 19 de septiembre se concentren en una de 16 delegaciones. ¿Cómo se explica si no es a través de la corrupción? Y es que no se trata sólo de sanciones a las constructoras, siempre las culpables más visibles, sino poner bajo la lupa todo el proceso de un sistema que ha permitido facilitar la corrupción. ¿Y el jefe de Gobierno? Qué puede decir Mancera si durante dos años tuvo al frente de la Secretaria de Desarrollo Urbano y Vivienda al que fue socio de dos grandes constructoras: Simón Newman; o qué dirá la diputada Margarita Martínez Fisher, encargada de la comisión de desarrollo urbano en la ALDF, si no ha salido a dar una postura al respecto esperando instrucciones del grupo político que la respalda, que pretende impulsarla como primera alcaldesa de Miguel Hidalgo .No se trata de negocios, pretextos o conflictos de interés, sino de las 46 víctimas mortales de los colapsos en esta delegación y los más de mil vecinos desalojados. Porque sí, ya lo hemos visto, la corrupción mata. Por ahora es todo; mientras tanto¡!! ¡AQUÍ SI PASA Y MUCHO!!! Para cualquier información, favor de comunicarse a : editorial@novedadesnews.com y/o tulmex@hotmail.com

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