Liderada por la Diócesis Católica Campaña en Dallas pide trato digno a migrantes

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Luego del pánico que ha causado entre la población migrante en el país la política del presidente Donald Trump y la élite republicana de su gobierno y Cogreso federal, surgen historias que fortalecen la importancia de estos extranjeros en el desarrollo económico, político, social y cultural de los Estados Unidos. Según estudios realizados por prestigiosas instituciones nacionales, como universidades y reconocidas organizaciones y expertos, los inmigrantes latinos se han convertido desde hace décadas en un poderoso brazo estadunidense en la creación de pequeños, medianos y grandes empresas y comercios en varios rubros. A pesar de ese merecido reconocimiento, Trump mantiene una férrea y polémica actitud de pretender deportar a los más de 12 millones de indocumentados que viven y trabajan desde hace años en los Estados Unidos, a pesar de que la gran mayoría de esas personas no poseen antecedentes criminales. El Jefe principal de la Casa Blanca ha sido muy severo contra las familias latinas, principalmente los jóvenes llegados en la infancia a esta nación que consideran suya, su patria y su hogar, al intentar por todos los medios eliminar el programa DACA, que les otorga un permiso temporal de trabajo por dos años y la suspensión de su deportación. Sus frustrantes maniobras para suspender DACA han dado algunos frutos al quitar este beneficio para nuevos dreamers e impedir a los ya inscritos en él poder salir del país. Ahora estos jóvenes estudiantes sólo pueden renovar este trámite gracias a la decisión de la Suprema Corte de Justicia y algunos jueces federales. Donald Trump, asimismo, dio por terminado el Status de Protección Temporal (TPS) para varios países, sin tomar en consideración que estas naciones viven extremas condiciones de violencia y pobreza. No obstante, el mandatario republicano quiere ahora militarizar la frontera con México mediante el envío de varios miles de soldados de la Guardia Nacional. Y sigue con su amenaza de construir el llamado muro de “la vergueza” a toda costa y a pesar del sufrimiento y muerte de miles y miles de personas inmigrantes, que únicamente desean al llegar a los Estados Unidos llevar a la mesa de sus familias comida y no convertirse en víctimas del crimen organizado.

ALFREDO DUARTE, EJEMPLO MIGRANTE Alfredo Duarte llegó a los Estados Unidos abarrotado en la cajuela de un automóvil con otras cinco personas. Corría el año 1975, y Duarte, entonces de 17 años, buscó una vida mejor de la que conoció en México. Su familia era tan pobre que no podían comprar zapatos ni ropa interior nueva. Ahora, 43 años después, Duarte tiene su propia empresa, Taxco Produce, que emplea a 110 personas. El exinmigrante no autorizado ahora es ciudadano de los Estados Unidos. “Hace dos años, me convertí en ciudadano estadunidense debido a la forma en que las cosas comenzaron a cambiar con el nuevo gobierno y el sentimiento del país”, dijo Duarte, de 60 años. “En este momento, la percepción hacia los inmigrantes y la inmigración no es muy amigable”. Duarte no está solo en ese sentimiento. Es por eso que está entusiasmado con una nueva campaña de un año de duración impulsada por la Diócesis Católica de Dallas, juntos con otros líderes religiosos, funcionarios del gobierno local y organizaciones como The Dallas Morning News y su empresa matriz, A. H. Belo Corporation. Se llama “BeGolden”, y el mensaje es simple: trate a los demás de la manera en que quiera que lo traten, al estilo de la Regla de Oro, con un enfoque específico en los inmigrantes. “Debemos recordar que debemos ser dorados (de color)”, señaló el obispo Edward Burns. “Lo que estamos viendo en este país es una retórica hacia los inmigrantes que se intensifica hasta el punto de aumentar los temores dentro de nuestra sociedad y nuestras comunidades. Y es importante para nosotros en la iglesia continuar reconociendo la dignidad de cada persona y su Dios -dado los derechos para una vida mejor”. La campaña alienta a las personas a obtener una mejor comprensión de por qué los inmigrantes en sus comunidades llegaron a Estados Unidos. Son experiencias como las de Duarte. Él no sabía nada sobre la cultura estadunidense cuando llegó a Los Ángeles en automóvil. Tomó palabras en inglés al escuchar música y viendo programas de televisión como I Love Lucy. Trabajó en empleos extraños, como maquinista, como pintor de casas, enviando la mayor parte del dinero a su familia en México. Con el tiempo, se casó, obtuvo una tarjeta verde y poco a poco estableció una vida en Estados Unidos. Él tenía dos hijos. En 1983, se mudó a Dallas y, poco después, comenzó Taxco Produce.

“BEGOLDEN”, DIGNIDAD LATINA A lo largo del año, “BeGolden” contará con testimonios y eventos en video para promover la discusión, con actualizaciones e información que aparecerán en www.begoldenjourney.com, así como en las redes sociales a través de #BeGolden en Facebook, Twitter e Instagram. “Lo que se está tratando de hacer es cambiar la percepción”, enfatizó Duarte, que es parte del equipo de trabajo de inmigración del obispo. “Hacer que la gente no nos vea, como inmigrantes, un poco diferentes. Que no estamos amenazando a nadie. Somos parte de esta economía, queremos ser parte de este gran país y hemos invertido mucho tiempo. Tenemos nuestras familias, tenemos nuestros hogares, tenemos niños que son ciudadanos estadunidenses. Necesitamos que las personas se sientan diferentes al respecto. Podemos encontrar una manera de solucionar el problema”. El sábado, a Burns se le unió el alcalde de Dallas, Mike Rawlings, para hablar sobre “BeGolden” en el Festival de Ideas de Dallas, a las 9:30 a.m. en la Biblioteca Central J. Erik Jonsson en el centro de la ciudad. El lunes por la noche, el horizonte de Dallas se iluminó en oro en honor a la campaña. “Hay algunos que temen de los que vienen a este país”, reconoció Burns. “Escuchan la retórica de que pueden ser delincuentes. Que van a venir y conseguir nuestro trabajo. Que van a venir a tomar nuestros recursos. Que van a venir y que van a ser más que nosotros. “La comunidad inmigrante, ellos vienen aquí porque están en necesidad”, aseveró. “Quieren seguridad. Quieren seguridad. Quieren una vida mejor para sus hijos. Quieren lo mejor para sus familias. “Todo el mundo en este país quiere eso”.

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