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El TLCAN es necesario (aunque fracase)

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Por: Ing. Esteban Sanchez

¿Qué pasaría si al fin del actual ciclo de negociación no hay un nuevo TLCAN firmado? Las implicaciones pueden ser muy serias: El peso podría sufrir una aguda depreciación; la inversión extranjera directa se detendría en el corto plazo y las empresas que por más de dos décadas han jugado con las reglas claras del TLCAN actual sufrirían un trastorno de sus costumbres cotidianas, y por lo tanto, la economía mexicana podría sentir un bache. Pero en el mediano y largo plazo, la integración de las economías de Norteamérica es irreversible. Las materias primas de Canadá, el capital y la tecnología de Estados Unidos, y el trabajo y la geografía estratégica de México constituyen una combinación que no tiene paralelo entre los bloques económicos mundiales. Ni Europa ni el Este de Asia tienen esa combinación de recursos para poder enfrentar a sus rivales económicos en el mundo. Norteamérica es una combinación única de factores que han sabido combinarse las últimas dos décadas para presentar un frente económico difícil de vencer. Por supuesto, dicho bloque económico es asimétrico: La economía estadunidense juega un rol desproporcionadamente importante en la ecuación. No sería aventurado decir, incluso que, en términos económicos, sus vecinos son jugadores complementarios y son compañeros estratégicos en la marcha del coloso americano por la economía global. Pero sólo la ceguera de Trump y sus acólitos lo podrían negar: Sin Canadá y México, la economía de Estados Unidos no sería lo que es, y sectores enteros habrían sido ya avasallados por la competencia alemana, china o japonesa, y el nivel de vida de sus ciudadanos sería distinto sin el NAFTA. Existe una discusión muy interesante, pero que pierde de vista lo fundamental y que gira alrededor de la siguiente pregunta: ¿Cuál de los tres países del TLCAN es el que más ha ganado en las más de dos décadas de vigencia del Tratado? Lo difícil de una respuesta a esa cuestión es que dependemos del contrafactual: ¿Quién hubiera perdido más si el TLCAN no se hubiera firmado nunca? Creo que la respuesta para las dos preguntas del párrafo anterior es la misma: Estados Unidos. Debido a las tallas respectivas, el TLCAN parece ser un tema marginal en la economía vecina y un factor de vida o muerte para Canadá y México. Pero en términos absolutos, el impacto del Tratado es seguramente mucho mayor en el país del dólar que el impacto sumado de sus vecinos. El TLCAN no es una estrategia diseñada por y para México y Canadá. El TLCAN es más necesario, y por lo tanto, es cincelado y determinado por las compañías, la burocracia y los intereses de nuestro vecino del norte. Si Estados Unidos no quisiera el TLCAN, ningún estadista, canadiense o mexicano, por muy visionario y persuasivo que fuera, habría sido capaz de imponerles el Tratado. El TLCAN es su necesidad y su diseño, y por lo tanto, sus beneficios e insuficiencias les corresponden en la prelación continental. Creo que la conciencia de lo anterior es absolutamente necesaria para definir la estrategia mexicana. Los países, incluso Estados Unidos, se equivocan en sus decisiones, pero el modelo de sociedad y de Estado de nuestros vecinos ha demostrado históricamente que tales equivocaciones duran poco y suelen regresar a la senda liberal y globalista que les es innata. Si en este momento las circunstancias hicieron que un aldeano conservador diseñe la diplomacia política y económica de Estados Unidos, es probable que en poco tiempo la tendencia globalizadora regrese a los asuntos del Estado en nuestros vecinos. La convicción anterior no se debe, como en Tocqueville, a la creencia de una ideología superior de los estadunidenses. Sus valores democráticos y liberales han predominado porque proveen el marco ade-cuado para su geopolítica y su geoeconomía: Implantados a mitad de los dos grandes océanos del mundo, y herederos del impulso europeo a la innovación y la competencia, el marco liberal es la herramienta necesaria para la expansión constante de la economía vecina. No pueden escapar a su suerte. El liberalismo y la globalización son genéticos para los estadunidenses, y el TLCAN es un engrane de esa gran maquinaria. Dicha maquinaria parece estar atascándose. Pero volverá a arrancar. Incluso si las actuales negociaciones fallan y no hay TLCAN, dicho fracaso será pasajero. No se le pueden poner puertas al campo: El TLCAN no es una idea mexicana ni canadiense, sino una necesidad estadunidense. Y regresará. Por ahora es todo; mientras tanto, ¡!!AQUÍ NO PASA NADA¡!! Para cualquier información, favor decomunicarse a: editorial@novedadesnews.com y/o tulmex@hotmail.com.

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