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EL CLUB DE LOS 99

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Por: Gamaliel Espinoza

No recuerdo cuando fue la última vez que relaté esta historia… así que la volveré a contar. Sí ya se la se la sabe, pues se puede brincar hasta donde dice… “sugerencias opiniones y comentarios”, o sea hasta el final. ¿Es malo querer tener lo mejor? Claro que no. Lo que no me gusta es que pongamos de por medio… “el fin justifica los medios”. Muchas veces esto es necesario… muchas, pero no todas las veces. Conozco a una persona que todo le molesta… dije todo y así es. Se la vive quejándose. Si no es de una cosa, es de otra, pero se queja de todo. Un día le pregunté, qué porque ser quejaba de todo… no volví a preguntar. Siempre habrá personas que de todo se molestan. Si se hace, porque se hace… si no se hace, porque no se hace. Si lo dice, porque lo dice y si no lo dice porque no lo dice… total que nunca le damos gusto a este tipo de personas. He aprendido a ignorar a este tipo de personas… no me queda de otra, o, ¿sí? Esas personas NUNCA van a cambiar… dije NUNCA ¿verdad? Un día se quejó todo el día de que su camioneta no le funcionaba la calefacción. -Y ¿porque no la mandas arreglar?- pregunté – No tengo tiempo- contestó -¿No tienes tiempo o no te das el tiempo? Tienes dos días libres para meterla al taller, ¿porque no lo haces? No se en donde me equivoqué (se molestó)… vive solo mi amigo. Así que no es que no tiene tiempo, no se da el tiempo. El estar bien con su camioneta esta en sus manos… pero le gusta sufrir ¿o a de ser otra cosa? Nos buscamos la manera de no ser felices. Antes de contarles lo del club 99 quiero contarles lo que le pasó a una pareja que fue con el consejero matrimonial. El consejero le pregunta al esposo… – ¿Su esposa lo hace feliz? – No- fue la respuesta, a la misma vez que la esposa le echó una mirada asesina. – Una vez más, ¿Su esposa lo hace feliz? – No doctor. Mi felicidad no depende de mi esposa. Si así fuera sería muy infeliz. La felicidad depende de mi. Si bien es cierto que estamos expuestos a otras personas, eso no quiere decir que nuestra felicidad dependa de ellos. En nosotros esta de tomar las cosas como son o como vienen, y de ahí saber cómo vamos a reaccionar. Ahora viene el club de los 99. En un reino todo estaba en su lugar… todo el mundo feliz. En el palacio del rey había un sirviente que se la pasaba todo el día cantando y con una sonrisa para toda persona que se encontraba. Esto llamó la atención del rey. Y como era muy inquieto el rey lo mandó llamar. – ¿Porque siempre andas contento? Nunca te he visto preocupado. ¿Cúal es tu secreto para estar así?- – No sé mi rey, siempre he sido así. – Dime la verdad, en caso contrario podría mandarte matar por no decir la verdad. – Mi majestad… no sé que responderle. Siempre he sido así. El rey lo dejó ir, pero se quedó pensando en su sirviente. Mandó llamar a su consejero y le preguntó si había algo en especial en el sirviente. – Mi majestad, lo que pasa es que él no ha entrado en el club de los 99. – ¿Como es eso? – Se lo podría mostrar, pero lo más seguro es que pierda a ese sirviente. El nunca volverá a ser el mismo. – No me importa, quiero saber como es eso del club 99. – Deme 99 monedas de oro y mañana antes de que venga al palacio iremos a visitarlo. A la mañana siguiente fueron a la casa del sirviente y a unos pasos de la entrada de su casa dejaron el morralito con las 99 monedas de oro. Al salir de su casa el sirviente se encontró el morralito con las monedas. Se regresó a su casa y empezó a contar las monedas. Puso las monedas en pilas de 10 monedas, la ultima… de 9. Volvió a contarlas…le faltaba una moneda para las 100. Salió de su casa y se paró en el lugar donde había encontrado el morral con las monedas y… nada. Regreso a su casa y volvió a contar las monedas… 99. El rey y su consejero lo observaban. El sirviente empezó a hacer cuentas… le faltaba una moneda para las 100. Si ahorraba todo el año podría obtener la que le faltaba… pero dejaría a su familia a medio comer, medio vestir. Si ahorraba dos años podría obtener la moneda con mas facilidad… privando en algunas cosas a su familia. Esta claro que el sirviente no volvió a ser el mismo. Se la pasaba pensando en como obtener esa moneda que le faltaba para las 100. Ya no rendía en su trabajo. El rey lo despidió… perdió a uno sus de sus mejores sirvientes. ¿Cuantas veces nos pasa lo mismo? nos preocupamos mas por lo que no tenemos y no disfrutamos lo que tenemos. Hemos empezado un año más… o un año menos, como lo quiera tomar. De nosotros depende si lo que nos rodea nos hace felíz o somos nosotros los que decidimos serlo… Dios nos ha dado esa capacidad de elegir. Sugerencias, comentarios y opiniones favor de hacerlos llegar a: gamma9_10@yahoo.com y editorial@novedadesnews.com

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