El 2 de octubre no se olvida

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Por: Redactores

Este lunes se cumplió un aniversario más de un triste capítulo en la historia de México, un evento que en algún punto creímos irrepetible, lamentablemente se ha repetido en diversas ocasiones de diferentes maneras y proporciones como el caso de Ayotzinapa, pero siempre con similitudes. En Nuevo Laredo hay algunas personas que estuvieron en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco aquel 2 de octubre de 1968, y en sus recuerdos se mezclan diversas emociones como el temor, tristeza y enojo; son pocos, y tuvieron la fortuna de vivir para contarlo. En dicho escenario se habían dado cita miles de estudiantes mientras el Ejército vigilaba al igual que muchas manifestaciones anteriores, esto bajo el argumento de que no hubiera disturbios pues el gobierno señalaba temer que la Torre de la Secretaría de Relaciones Exteriores fuera asaltada; para esa ocasión la seguridad se intensificó con apoyo de helicópteros de la Policía y del Ejército. El infame Batallón Olimpia, cuyos integrantes estaban vestidos de civil con un pañuelo o guante blanco en la mano izquierda para distinguirse entre ellos, se infiltraron al tercer piso del Edificio Chihuahua donde estaban los oradores del movimiento y algunos periodistas. A las 5:55 de la tarde se lanzaron dos bengalas rojas desde la torre de Tlatelolco, 15 minutos más tarde un helicóptero que sobrevolaba la plaza lanzó una bengala verde y otra roja, era la señal para los francotiradores y otros miembros del Batallón Olimpia para que abrieran fuego contra los manifestantes e incluso a los militares que resguardaban el lugar para hacerles creer a estos últimos, que los agresores eran estudiantes y así involucrar a un grupo armado más numeroso para que “repeliera la agresión” de los jóvenes que se manifestaban. Acto seguido, comenzó la masacre, cientos lograron huir, pero los cuerpos de muchos otros hombres y mujeres sin distinción quedaron tendidos sobre la plancha de la plaza y sus alrededores, inertes y tiñendo de rojo el lugar: de éstos se tuvo razón, sin embargo existe una gran cantidad de personas que después de ese día nunca aparecieron, y sobre sus destinos finales sólo se especula y surgen múltiples versiones de la última disposición de sus restos. Ayotzinapa es más reciente e igual de misterioso, donde una vez más se involucra a un gobierno y su indolente actitud hacia la vida de mexicanos que siguen sin aparecer.

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