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A 50 años del Movimiento del 68 Ni verdad ni justicia en la masacre de Tlatelolco

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Dallas, Tx.- A 50 años de una de las peores masacres cometidas contra sus propios estudiantes, los gobiernos priistas y panistas han ocultado desde entonces la verdad de lo que sucedió en el trágico y sangriento 2 de octubre de 1968. De esta manera, los presidentes en turno jamás han realizado una exhaustiva investigación de los hechos, han mantenido oculto el número de personas asesinadas por el Ejército y grupos paramilitares y guardado en total secreto el nombre del alto funcionario que dio la orden de disparar a matar a las miles de personas reunidas en la Plaza de las Tres Culturas. Aunque –según reconocidos analistas- el principal culpable del vil y cobarde asesinato masivo fue el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz. Sin embargo, para otros el que dio la orden de disparar contra los estudiantes fue su secretario de Gobernación, Luis Echeverría Alvarez. Pero hasta el momento nadie fue ni ha sido encontrado culpable de esa masacre considerada una de las peores de que se tenga memoria en la historia reciente de México. Por tal motivo, la historia tiene un reclamo para el nuevo presidente electo Andrés Manuel López Obrador: crear la Comisión de la Verdad a fin de que el pueblo mexicano conozca de una vez por todas lo que realmente sucedió esa fatal fecha del 2 de octubre de 1968, aunque ya hayan pasado 50 largos años del criminal acontecimiento. En esa histórica fecha, Tlatelolco se manchaba en esa fría tarde y cruel noche de sangre. A medio siglo de la masacre contra el movimiento estudiantil de aquel año, que representa una de las violaciones a los derechos humanos más graves de las que se tenga memoria, difícilmente puede decirse que se ha llegado a la verdad y a la justicia. Así lo aseguró el ombudsman nacional, Luis Raúl González Pérez, quien agregó que no se han alcanzado al no tenerse certeza de lo ocurrido en ese acto de barbarie, del número de víctimas directas e indirectas, y de las violaciones a garantías como el derecho a la vida, a la integridad personal, a la libertad de reunión y de expresión, a la protesta social pacífica y a la legalidad, hechos que permanecen impunes. “En el contexto de transformación que vive el país, sería deseable que un primer ejercicio de diálogo y apertura para la construcción de la verdad y la reconciliación se diera sobre estos hechos. La construcción de un nuevo paradigma social sustentado en la paz requiere diálogo y apertura para reencontrarnos con nuestro pasado para reconocer, asumir y actuar ante nuestra realidad, resaltando que sin verdad no habrá verdadera justicia, sólo una aplicación parcial y condicionada de normas, que más que justicia legaliza la impunidad y la preserva”. El presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) agregó que no se puede transformar la realidad del país sobre el olvido, simulación o construcción de mitos. “Tlatelolco es un sitio de memoria histórica y de toma de conciencia sobre el México que hemos sido, que somos y que queremos ser”. En víspera que se conmemoren 50 años de aquella matanza en la Plaza de las Tres Culturas, se realizó en el Centro Cultural Tlatelolco de la UNAM un acto en el que se rindió homenaje a quienes murieron o fueron heridos, encarcelados, perseguidos y denigrados por defender la legalidad, la Constitución, la democracia y las libertades, donde subrayó que sin su sacrificio no habríamos conquistado las instituciones democráticas y republicanas con que contamos, las cuales hay que defender, perfeccionar y preservar a toda costa, así como la autonomía y esencia de la Universidad.

FLORECIMIENTO DEMOCRATICO Acompañado en el presídium por el Rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers; José Ramón Amieva Gálvez, Jefe de Gobierno de la Ciudad de Mé- xico; Nuria Sanz, Directora y Representante de la UNESCO; Mercedes Vega, Directora del Archivo General de la Nación; Jaime Rochín del Rincón, Comisionado Ejecutivo de Atención a Víctimas, y Lidia Camacho, Directora General del Instituto Nacional de Bellas Artes, entre otros, enfatizó que el 2 de octubre marcó el inicio de un cambio que, aunque gradual y perfectible, permitió un floreci- miento democrático, el ensanchamiento del Estado de Derecho y la consolidación de los derechos humanos en nuestro país, como condición y parámetro de validez de todo acto de autoridad y de la vida institucional. En el acto se llevó a cabo la “Presentación de la Declaratoria de Patrimonio Cultural Intangible para Tlatelolco, como sitio Emblemático de la Memoria Histórica de la Ciudad de México”, inauguración del Monumento a la Ausencia, de la artista Yael Bartana, y la presentación del Archivo Histórico M68: Ciudadanías en Movimiento. González Pérez refirió que el movimiento del 68 marca el surgimiento de la conciencia sobre la relevancia de los derechos de la sociedad mexicana, destacando como una de las consecuencias que generó este cambio, el surgimiento de los organismos constitucionales autónomos como contrapesos efectivos frente al autoritarismo y los abusos del poder, así como mecanismos de garantía del régimen democrático y las libertades inherentes al mismo. Puntualizó que recordar el 68 es rendir homenaje a la Universidad y a las y los universitarios, valientes y comprometidos, que defendieron su autonomía, así como sus principios básicos y valores, resaltando que si bien, en 1968 nuestro país no tenía un esquema institucional que asumiera como prioridad el reconocimiento y respeto de los derechos humanos, hoy no podemos dejar de denunciar los abusos cometidos, una vez que estamos superando esquemas autoritarios y propiciatorios de este tipo de hechos.

INADECUADA INVESTIGACION A cincuenta años de la masacre de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968, la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONUDH) “mantiene una profunda consternación por lo sucedido y lamenta la ausencia de una adecuada investigación, así como de sanción a los responsables de las graves violaciones de garantías fundamentales cometidas en el contexto del movimiento estudiantil de 1968”. El organismo internacional exhortó firmemente al Estado mexicano, a garantizar los derechos a la justicia, la verdad y la reparación integral, como lo han hecho otras instancias globales. “El despertar cívico (del 68) que, encabezado por la juventud estudiantil, denunció la arbitrariedad gubernamental, apeló a la rendición de cuentas y luchó por construir un país democrático basado en un régimen de libertades a través de la acción pacífica y la reivindicación del diálogo”. Jan Jarab, representante en México de ONU-DH, aseveró que “la causa de los derechos humanos en México no se puede explicar sin el amanecer de indignación y creatividad de hace cinco décadas. En una parte considerable, los ámbitos de libertad que hoy se respiran en el país son legatarios del movimiento estudiantil de 1968”. La ONU-DH alentó a la sociedad mexicana a mantener viva la memoria acerca de lo sucedido en 1968, reconocer en la gesta estudiantil un motivo permanente de inspiración para la causa de los derechos humanos y extraer las lecciones conducentes para evitar que nunca más vuelvan a repetirse hechos tan trágicos como los que sacudieron a México. En este sentido, la ONU-DH aplaudió las acciones desplegadas por las personas sobrevivientes, académicos, artistas y medios de comunicación tendientes a difundir lo ocurrido, profundizar en la indagación de los hechos y combatir el olvido. Adicionalmente, reconoció los esfuerzos recientes de varios actores públicos encaminados al reconocimiento de lo sucedido y a la conmemoración de la tragedia.

TESTIMONIO VIVIENTE Angustia, confusión y disparos, así recuerda el sociólogo Gerardo Estrada, sobreviviente en la matanza estudiantil de Tlatelolco, aquel fatídico 2 de octubre de 1968, un suceso que removió los cimientos sociales de México. Aquella tarde fue “angustiante, horrorosa; ha sido uno de los momentos más difíciles para la vida de muchos. Y en la mía en particular: me cambió mucha vocación y mi fe en la razón y en el diálogo”, dijo en entrevista Estrada, quien escapó de esta masacre perpetrada por el Estado con 22 años. Desde la Plaza de la Tres Culturas, en el popular barrio de Tlatelolco, el también escritor y profesor repasa a 50 años uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de México. Un memorial recuerda a los “compañeros caídos” de esa tragedia que refleja a la perfección unos años de represión por el entonces partido hegemónico, el Revolucionario Institucional (PRI). “¿Quién, quiénes? Nadie, al día siguiente nadie. La plaza amaneció barrida. Los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo”, se lee en esta especie de lápida con el nombre de varios de los fallecidos, de los que todavía hoy se desconoce la cifra exacta. Eran tiempos de tensión y las trifulcas entre estudiantes y fuerzas de seguridad eran habituales, con frecuentes detenciones y presos políticos. Ese 2 de octubre, miles de estudiantes se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas para participar en un mitin, que seguía a meses de manifestaciones para lograr más derechos en educación y luchar por una mayor libertad, y a solo diez días del inicio de los Juegos Olímpicos en México.

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